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SAN DIEGO (St. Didacus)
copatrona de la diócesis de San Diego

San Diego de Alcalá de Henares (San Diego) nació cerca de 1400 en San Nicolas en Andalucía, de padres pobres y temeroso de Dios. Ingresó en la orden tercera de San Francisco cuando apenas había alcanzado young manhood, y bajo la dirección de un devoto sacerdote terciario, sirvió a Dios durante mucho tiempo como un ermitaño. Consumido por el deseo de perfección aún mayor, más tarde entró en el convento franciscano en Arizafa en Castilla y fue admitido allí a votos solemnes como un hermano.

Su rápido progreso en la virtud le hizo un modelo para todos sus compañeros. Su alma fue ocupado continuamente con Dios en oración y meditación. De esta fuente, reunió tal penetración sobrenatural acerca de Dios y los misterios de la fe que aprendió los teólogos escuchado con asombro a las conversaciones inspiradoras de este hermano laico inculto.

Desde hermano Diego manifiesta gran celo por las almas y disposición al sacrificio, sus superiores le enviaron con otros hermanos a las Islas Canarias, que en aquel momento aún eran habitadas por salvajes infieles. Diego estaba dispuesto para el martirio y en este espíritu alesaje con paciencia dauntless las muchas dificultades que vino a su manera. Tanto por la palabra y el ejemplo, ayudó en la conversión de muchos infieles. En 1445, fue nombrado tutor de la casa principal en las islas en Fortaventura.

Recordó a España, fue a Roma en 1450 en el comando del observador Vicario General, San Juan Capistran, a asistir a las ceremonias de canonización de St. Bernardine de Siena del gran jubileo. En esta ocasión, se desató una epidemia entre los muchos frailes montados en el convento grande de Aracoeli. Diego asistió a los enfermos con gran caridad y confianza en Dios. Y Dios no le falló. A pesar de la falta de suministros en la ciudad en el momento, Diego siempre tuvo amplias provisiones para sus pacientes. Milagrosamente él restauró muchos de ellos a la salud por simplemente haciendo la señal de la Cruz sobre ellos. Saliendo de Roma, regresó a España, donde, como en los días anteriores, fue una fuente de gran edificación a los frailes de cada convento en que vivía.

Cuando sintió que se acercaba el final de su vida, pidió un hábito viejo y desgastado, así que podría morir en ella como un verdadero hijo de los pobres de San Francisco. Murió el 12 de noviembre de 1463, en el monasterio franciscano en Alcalá, presionando un crucifijo a su corazón y repetir las palabras del canto Viernes Santo: "Dulce lignum, ferrum dulce, dulce pondus sustinet" (preciosos la madera, preciosa los clavos, precioso el peso soportan.)

Meses pasaron antes de que era posible enterrar el hermano Diego, tan grande era el número de personas que vinieron a venerar sus restos. No sólo hizo su cuerpo permanece incorrupto, pero difundió un olor agradable. Después de fue enterrado en la iglesia Franciscana en Alcalá de Henares, asombrosas milagros siguen ocurriendo en su tumba. Papa Sixtus V, él mismo un franciscano, canonizado el hermano Diego en 1588.

San Diego es la especial patrona celestial de los frailes franciscanos que son hermanos. Según el calendario litúrgico, su festividad se celebra el 13 de noviembre.